Más sobre parasitismo y manipulación

Como lo mencioné en mi nota anterior sobre este mismo asunto, todavía no se entienden bien los mecanismos de que se valen los parásitos para modificar el comportamiento de sus huéspedes. Puede ser, comentaba, que el parásito secrete sustancias neuroactivas que provoquen cambios en el comportamiento del huésped, o bien que la presencia del parásito influya en la bioquímica del propio huésped o la altere, provocando así la modificación del comportamiento.

No es fácil distinguir entre estas dos posibilidades, expone Robert Paulin en su presentación panorámica que mencioné en mi nota anterior. Aun en los casos en que se han identificado secreciones del parásito que tienen efectos neurológicos, no está lo bastante claro si las sustancias se secretaron con fines de manipulación o con otros propósitos, digamos supresión inmunológica.

Micrografía electrónica de un gusano adulto del género Schistosoma.

Por ejemplo, el tremátodo Schistosoma mansoni (causante de la esquistosomiasis, que afecta a alrededor de 200 millones de personas en todo el mundo) secreta péptidos opioides en el organismo de su huésped, con lo cual afecta las funciones tanto inmunológicas como neurológicas de éste. Los investigadores consideran que la función original de estas secreciones pudo haber sido solamente la supresión inmunológica y no tener nada que ver con la manipulación directa del comportamiento del huésped.

Un buen número de estudios revela que ciertos parásitos alteran directa o indirectamente las concentraciones de hormonas o neurotransmisores del huésped. Por ejemplo, las larvas de muchos gusanos parásitos pueden de alguna manera inducir cambios en las concentraciones o la actividad de la serotonina, la dopamina u otros neurotransmisores en el cerebro de su huésped intermedio. (Recordemos que por huésped intermedio se entiende aquél en el cual el parásito pasa por alguna fase de su desarrollo pero sin alcanzar la madurez sexual; el huésped definitivo es aquél en el que el parásito se reproduce sexualmente.)

Pero en los casos en que se ha encontrado que después de la infección se alteran las concentraciones de sustancias capaces de generar cambios de comportamiento, sea por sí mismas o a través de una cadena de acontecimientos bioquímicos, dichas sustancias, como subraya Paulin, o las pudo haber producido el parásito o bien la presencia de éste pudo haber provocado que las sintetizara el huésped.

Hay muchísimo que investigar. La alteración de las concentraciones de serotonina en un huésped, por ejemplo, es muy probablemente apenas un segmento de una larga cascada bioquímica, una mera pista para tratar de averiguar exactamente cómo inducen los parásitos los cambios de comportamiento de sus huéspedes. Hay que considerar, asimismo, que la modificación del comportamiento del huésped es una estrategia biológica muy extendida en la naturaleza y que reviste muchas modalidades. Se ha observado en hongos, bacterias, protozoos, nematodos, insectos y veinte etcéteras. Los cambios de comportamiento del huésped son de lo más variado, desde pequeños aumentos o disminuciones del tiempo qué éste dedica a una actividad dada hasta conductas suicidas verdaderamente espectaculares.

También hay que considerar que la manipulación del huésped no tiene que ser a fuerza neurológica. Un parásito sencillamente modifica la osmolalidad y la concentración iónica de la hemolinfa de su huésped, con lo que éste se ve compelido a acudir a beber agua más a menudo, que es lo que el parásito necesita para sus propios fines biológicos.

A quienes deseen profundizar en este tema les recomiendo buscar los trabajos de Robert Poulin, Frédéric Thomas, Martin Kavaliers, Douglas Colwell y Elena Choleris, entre otros. Entre los trabajos de Paulin me parecen muy útiles Evolutionary Ecology of Parasites y su ya mencionado artículo panorámico.

Asimismo, la profesora Janice Moore, de la Universidad Estatal de Colorado, escribió hace unos años un ameno y detallado libro, Parasites and the Behavior of Animals, que deja ver cuán extendido es el fenómeno de la manipulación del huésped por parte del parásito.

La imagen que ilustra este artículo es obra de David Williams, de la Illinois State University. Fue cedida al dominio público. La obtuve de Wikimedia Commons.

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