El planeta de los virus

por Michael Emerman

(Reseña del libro A Planet of Viruses, publicada en PLoS Biology el 6 de septiembre de 2011.)

Traducción de Delia Araujo Morales

Zimmer C (2011) A Planet of Viruses. Chicago: University Of Chicago Press. 128 p. ISBN 978-0226983356 (pasta dura). US$20.00.

El planeta de los virus

La comprensión de cómo afectan los virus toda la vida en la Tierra se ha ampliado rápidamente en los últimos años. Por ejemplo, ha quedado claro que el número de virus del océano supera al de todos los demás organismos y que su influencia en las comunidades marinas puede tener efectos muy amplios en la composición de la atmósfera. Los virus son asimismo antiguos agentes de selección en la evolución adaptativa. Un animado debate sobre los orígenes de los virus asegura que éstos anteceden al primer ancestro celular universal y pueden ser los que se encargaron de crear la transición del mundo del ARN al dominado por el ADN [1]. Las enfermedades virales han desempeñado un papel crítico en el curso de ciertos acontecimientos decisivos de la historia humana; por ejemplo, las epidemias de viruela mataron a más de 300 millones de personas en los últimos 700 años, entre ellos un buen número de jefes de Estado, y permitieron que los europeos conquistaran las Américas. Virus patógenos nuevos o reemergentes —del síndrome respiratorio agudo severo a la gripa aviar, pasando por la fiebre aftosa del ganado— siguen afectando adversamente nuestra salud y la viabilidad de nuestros abastos. Finalmente, un porcentaje considerable de nuestro ADN está formado en realidad de fósiles de antiguas infecciones virales que quedaron “atrapados” en nuestro genoma; de manera que, en cierto sentido, somos tan descendientes los virus como de nuestros ancestros humanos.

Si usted ya sabía la mayor parte de estas cosas, el nuevo libro de Carl Zimmer, A Planet of Viruses, no es para usted. Si no las sabía, entonces es muy probable que quede fascinado por esta introducción al mundo de los virus, presentada en una serie de doce viñetas que describen virus viejos, virus nuevos y virus de todas partes. Por aquí desfilan malhechores famosos —la influenza, el VIH, el Ébola y la viruela—, pero también se cuentan casos menos conocidos, como el apasionante descubrimiento de la diversidad y efectos de los virus marinos, el renovado interés en los bacteriófagos como recurso terapéutico y la historia fascinante de cómo un virus gigante, descubierto en una torre de enfriamiento de agua de Inglaterra, al principio se identificó erróneamente como una bacteria. Este virus —el Mimivirus, descrito en el epílogo del libro— es de hecho un virus de las amibas que ha cambiado algunas de las definiciones de los virus, debido a su gran tamaño, su complejidad genómica, su capacidad de codificar partes de la maquinaría de traducción proteica y su propio parásito viral, todas ellas propiedades que anteriormente sólo se atribuían a los organismos “vivos” [2].

Cada capítulo de A Planet of Viruses empieza con interesantes antecedentes históricos y termina con un párrafo sugerente, aunque a menudo medio inconexo. Cada capítulo abarca unas cinco páginas, y el volumen entero llena menos de 80 páginas de texto. Cualquier persona con un mínimo conocimiento de biología —digamos, a nivel de secundaria— lo leerá con facilidad en un par de horas. Pero para alguien que enseñe virología resulta enojoso de leer, por la abundancia de errores chicos y grandes que contiene. Por ejemplo, los probables causantes de la mortandad entre los indios americanos después de que entraron en contacto con los europeos fueron el sarampión y la viruela, no la influenza y la viruela (página 67) [3]. El cáncer cervical es malo, pero no es la tercera causa de muerte entre las mujeres (página 25); ni siquiera es la tercera causa de muerte por cáncer entre las mujeres (el cáncer colorrectal ocupa esa posición) [4]. El ARN no es la versión de una sola cadena del ADN (página 91); tienen estructuras y propiedades diferentes. La explicación de cómo el VIH causa el sida (página 57) es confusa y obsoleta: confusa, porque aunque el autor describe correctamente la latencia viral para exponer cómo se oculta el VIH dentro de las células y se vuelve invisible para el sistema inmune, esto es importante para entender por qué es tan difícil erradicar el VIH, pero tiene poco que ver con la forma en que el virus causa el sida; obsoleta, porque el texto no toma en cuenta los modelos recientes derivados de trabajos con primates infectados naturalmente con niveles elevados de parientes del VIH, que hacen pensar que la infección crónica per se no es la causa del sida, sino más bien un estado crónico de activación inmune [5]. La afirmación de que “cada invierno en los Estados Unidos mueren de influenza 36,000 personas” (página 16) sería correcta sólo si se aclarara que se trata del promedio de la década de 1990; y lo que es más importante, dado que el número de decesos por año entre 1976 y 2006 ha variado entre 3,000 y 49,000 [6], la cuestión clave es que las temporadas de gripa son impredecibles debido a las cambiantes cepas virales y a los niveles también cambiantes de inmunidad preexistente en la población. Ah, y los errores tipográficos. ¿Será que la editorial de la Universidad de Chicago no tiene un corrector ortográfico?

Podría seguir y seguir con esto. Mi ejemplar está lleno de equis rojas, que puse donde algo no está del todo bien. Pero ¿importa de veras? Muchos de los errores, aunque en verdad no todos, nacen de la simplificación; claro, demasiados detalles pueden estorbar la comunicación de la ciencia al público. Podemos disculpar algunos errores en aras de revelarle la vida oculta de los virus a un público más amplio. En lo que a eso se refiere, este libro es un excelente compendio para entusiasmar a la gente acerca de las cosas asombrosas que hacen los virus y por qué debemos prestarles atención. Es muy probable que inspire a los lectores a averiguar más de cómo los virus pasados, presentes y futuros influyen nuestro mundo. De hecho, cuando le presté este libro a varios jóvenes, todos hicieron comentarios entusiastas, como: “Es breve y bueno”, “¡Los virus son padres!”

Los virus son fascinantes debido a su danza evolutiva con sus huéspedes, a la miríada de soluciones que han encontrado para replicarse con un repertorio limitado de genes, y a los modos impredecibles en que interactúan con el sistema inmune, haciendo las vacunas tan difíciles de perfeccionar racionalmente y la patogénesis tan variable. Tienen tanta influencia en su medio ambiente que cualquier experimento biológico que no tenga en cuenta la cuota subyacente de infecciones virales será necesariamente defectuoso. Y luego tenemos la pregunta perenne de si en verdad son o no seres “vivos”, a lo cual yo siempre respondo —al menos a alguien por debajo del nivel del estudiante graduado— que los virus son más bien como zombis, ni vivos ni muertos, dependientes de los vivos para alimentarse, pero capaces de inducir a sus huéspedes a hacer más zombis. ¿A quién no le gustaría saber más al respecto?

Referencias

1. Koonin EV, Senkevich TG, Dolja VV (2009) Compelling reasons why viruses are relevant for the origin of cells. Nat Rev Microbiol 7:615.
2. Claverie JM, Abergel C (2010) Mimivirus: the emerging paradox of quasi-autonomous viruses. Trends Genet 26: 431–437.
3. McNeill WH (1977) Plagues and peoples. Nueva York: Anchor Press.
4. WHO (2009) Women’s health. Fact sheet Nu 334. Available: http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs334/en/index.html. Consultado el 15 de julio de 2011.
5. Brenchley JM, Silvestri G, Douek DC (2010) Nonprogressive and progressive primate immunodeficiency lentivirus infections. Immunity 32:737–742.
6. Estimates of deaths associated with seasonal influenza—United States, 1976–2007 (2010) MMWR Morb Mortal Wkly Rep 59: 1057–1062.

El doctor Michael Emerman, autor de esta reseña, es miembro de las Divisiones de Biología Humana y Ciencias Básicas del Centro de Investigaciones del Cáncer Fred Hutchinson, Seattle, Washington. Hizo sus estudios de doctorado en la Universidad de Wisconsin–Madison en biología celular y molecular con Howard Temin y fue investigador postdoctoral en el Instituto Pasteur de París. Su laboratorio estudia la interacción del virus de la inmunodeficiencia humana con su huésped y, más recientemente, los efectos de infecciones virales antiguas sobre los genes antivirales de huéspedes modernos. Imparte un popular curso de virología para graduados titulado “Virus Patógenos Humanos”.

El artículo original en inglés es un material de libre acceso distribuido bajo los términos de la Licencia de Atribución de Creative Commons, que permite su uso, distribución y reproducción irrestrictos, siempre que se le dé crédito al autor y la fuente originales. La traducción está sujeta a los mismos términos.

Enlace al original en inglés.

Para citar el artículo original: Emerman M (2011) The Little Book of Viruses. PLoS Biol 9(9): e1001139. doi:10.1371/journal. pbio.1001139

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