In memoriam Lynn Margulis (1938-2011)

Lynn Margulis. Foto: Javier Pedreira (Wikimedia Commons).

Hace un año, el 22 de noviembre de 2011, murió Lynn Margulis. Confieso que no me percaté de su fallecimiento sino varias semanas después, pasados ya los revueltos días del fin de cursos y las fiestas decembrinas. Es una pérdida lamentable, porque Margulis fue uno de los grandes espíritus científicos del último siglo.

Sus contribuciones a la biología están presentes hoy día hasta en los libros de texto escolares; pero no fue fácil que llegaran ahí. Cuando Margulis propuso, a fines de la década de 1960, la revolucionaria idea de que el cloroplasto y la mitocondria —respectivamente, el organelo que le permite a las células vegetales realizar la fotosíntesis y el que le permite a las células animales oxidar moléculas orgánicas— son descendientes de meras bacterias que se incorporaron por simbiosis a otras células primitivas, el rechazo fue casi universal. Quince veces, una revista científica tras otra se negaron a publicar su artículo. Margulis persistió y al fin lo publicó, en 1967, en el Journal of Theoretical Biology (firmado Lynn Sagan, pues la autora estaba casada entonces con el astrónomo Carl Sagan). Margulis luego le dio forma a su hipótesis en un libro hoy famoso: Origin of the Eukariotic Cells (1970). En los años siguientes, montones de estudios vinieron a confirmar la idea. Que las células animales y vegetales se originaron por simbiosis ya no es materia de controversia, constataría al fin la propia Margulis unos treinta años después.

En Acquiring Genomes, Margulis y Sagan citan un llamativo ejemplo de adquisición de recursos genéticos de un organismo por otro: las babosas marinas Elysia chlorotica, animales que adquieren la capacidad de fotosíntesis de las algas Vaucheria litorea que ingieren. Los plastidios de las algas son secuestrados en el epitelio digestivo del molusco, donde siguen fotosintetizando. Pero los cloroplastos sólo contienen ADN para codificar cerca del 10% de las proteínas necesarias para seguir funcionando. En 2008, Mary E. Rumpho y colaboradores resolvieron el misterio cuando probaron que un gen de fotosíntesis oxigénica, psbO, se expresa en el molusco y que su fuente es Vaucheria litorea, pues su secuencia es idéntica en los genomas respectivos del animal y el alga. Más aún, la babosa conserva el gen en sus células sexuales y lo pasa a su descendencia. Foto: PNAS.

Naturalmente, el descubrimiento incidiría en nuestra comprensión de la evolución de las especies biológicas. Ya en 1910, Constantin Mereschkowsky había propuesto un concepto de la evolución biológica que se conoció como teoría simbiogenética. El mecanismo primario de la evolución sería la simbiosis. Margulis se apoyó en esta idea, en sus propios descubrimientos y en los de otros investigadores para producir una renovada teoría de la evolución biológica, que expuso en libros como What is Life (1995), Symbiotic Planet (1998) y Acquiring Genomes (2002), el primero y el último escritos con su hijo Dorion Sagan. Argumenta en ellos —cito sus propias palabras, tomadas de Acquiring Genomes— que “la fuente principal de variación hereditaria no es la mutación aleatoria, sino que la variación importante trasmitida, que conduce a la novedad evolutiva, procede de la adquisición de genomas”.

“Aun cuando las mutaciones aleatorias hayan influido el curso de la evolución, su influencia fue ante todo por medio de pérdida, alteración y refinamiento. Una mutación otorga resistencia a la malaria pero también convierte eritrocitos sanos en los deficientes transportadores de oxígeno de la anemia de células falciformes. Otra mutación convierte a un espléndido recién nacido en un paciente de fibrosis quística o en una víctima de la diabetes juvenil. Una mutación hace que a la mosca de la fruta, ese volátil de ojos rojos, no le salgan las alas. Sin embargo, nunca una mutación ha hecho surgir una ala, un fruto, un tallo leñoso o una garra”, explica.

La evolución tiene una ruta principal muy diferente a la de las mutaciones aleatorias. “Conjuntos enteros de genes, e incluso organismos completos con su propio genoma, son asimilados e incorporados por otros”, sostiene Margulis. “El proceso conocido como simbiogénesis es el camino principal para la adquisición de genomas”.

Lean sus libros. Quizá quieran empezar por What is Life, el primero que yo leí y me fascinó. O empiecen por Symbiotic Planet, lleno de deliciosos detalles autobiográficos. Todos son buena ciencia, bien expuesta; y creo que a estas alturas todos están ya traducidos al español. Les darán mucho que pensar.

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