Guías del laberinto

Foto: woodleywonderworks.

Los cambios que han traído consigo las NTIC representan “una revolución silenciosa”. Foto: woodleywonderworks.

La rápida evolución de las nuevas tecnologías de información y comunicación (NTIC), así como de su uso en las labores docentes, ha generado un mar de publicaciones.

Las hay que examinan el fenómeno ya desde el punto de vista sociológico ya desde el pedagógico. Las hay que dan orientación y consejo para moverse en la red, las aplicaciones, los programas. Unas son profundas, minuciosas, brillantes; otras, superficiales, sosas. No faltan las extremadamente entusiastas o las escépticas y pesimistas. De mi particular interés son las que intentan ofrecer, junto a una imagen objetiva del estado del arte, un análisis sereno de las posibilidades, recursos y exigencias que las NTIC y su aprovechamiento le presentan a las instituciones de enseñanza, a los docentes y a los estudiantes.

En este espacio me propongo ir anotando mis hallazgos. De ninguna manera intento hacer un catálogo de recursos. Se trata sencillamente de asentar mis pensamientos sobre aquellos libros, artículos, bitácoras, etc., que voy encontrando en el camino y que juzgo útiles e interesantes. A veces sean tal vez ideas sueltas sugeridas por alguna lectura. Comoquiera, a otros les pueden servir.

Psicología de la educación virtual

Cuando las herramientas con las que manejamos nuestro entorno vienen a ubicarse en el centro de nuestros procesos de comunicación y aprendizaje, como notoriamente ocurre cada vez más con la NTIC, “no es exagerado decir que su uso extenso, persistente y permanente puede formatear nuestra mente como, en su momento, lo hicieron otras herramientas comunicativas y de aprendizaje como el lenguaje oral o la escritura”, observan Carles Monereo y José Ignacio Pozo en su contribución a un gordo volumen —algo más de 400 páginas— compilado por César Coll y el propio Monereo.

Una veintena de autores examinan la temática desde todos los ángulos.

“Entre todas las tecnologías creadas por los seres humanos, las relacionadas con la capacidad de representar y trasmitir información tienen una especial importancia porque afectan prácticamente todos los ámbitos de la actividad de las personas”.

Formatear nuestra mente: una formulación sugerente, pero no exagerada. Si nos ubicamos en una perspectiva histórico-cultural de la cognición, comprendemos sin mucha dificultad que las herramientas con que nos comunicamos, incluidas las que usamos en los procesos de enseñanza-aprendizaje, le dan forma a nuestros pensamientos. Las NTIC han venido a reconfigurar los contextos y las formas en que se desenvuelven muchas de nuestras interacciones sociales cotidianas y, por tanto, nuestra actividad mental misma. “El cambio que estamos experimentando”, dicen Monereo y Pozo, “supone una auténtica revolución silenciosa porque es el propio ser humano el que está modificándose”.

Una idea muy semejante expresan en su capítulo José Luis Lalueza, Isabel Crespo y Silvia Camps. El desarrollo —dicen, siguiendo a Lev Vigotski— es en gran medida la apropiación de las herramientas materiales y simbólicas del nicho cultural en el que opera el niño. La cultura le aporta al niño en desarrollo los mecanismos de mediación cultural en contextos de actividad específica, y el niño se apodera de dichos mecanismos “reconstruyéndolos en su actividad”. El “proyecto evolutivo” de un niño nacido en una comunidad de cazadores-recolectores es radicalmente diferente del que corresponde al niño nacido en una comunidad de agricultores y ganaderos.

El libro que comento es obra de una veintena de autores, casi la mitad de ellos profesores e investigadores de la Universidad de Barcelona, donde Coll coordina el Grupo de Investigación en Interacción e Influencia Educativa. Como lo anotan los compiladores en su presentación, buena parte de los capítulos comparten, con sus matices y diferencias, una visión constructivista o socio-constructivista del psiquismo humano. Traducido ello a la orientación general del libro, significa la comprensión de que la incorporación de las NTIC a la educación no transforma ni mejora de modo automático los procesos educativos, pero sí “modifica sustancialmente el contexto en que tienen lugar estos procesos y las relaciones entre sus actores, y entre ellos y las tareas y contenidos del aprendizaje”.

Titulado Psicología de la educación virtual, el volumen fue publicado en 2008 por Ediciones Morata, de Madrid, que lo reimprimió en 2011. Cubre, dentro de sus muchos temas, los cambios culturales que promueven las NTIC, las demandas que le plantean éstas al personal docente y a las instituciones de enseñanza, los cambios que inducen las NTIC en las funciones cognitivas, los estándares propios del aprendizaje virtual y el híbrido, los recursos tecnológicos disponibles para crear comunidades virtuales de aprendizaje, el diseño de espacios virtuales, la enseñanza y el aprendizaje de competencias básicas en entornos virtuales, etc. Cada capítulo contiene un glosario y una lista de recursos comentados, además de la obligada bibliografía.

Entre otras muchas aportaciones valiosas, la de Teresa Mauri y Javier Onrubia aborda un asunto que quiero resaltar: la ubicación del catedrático en los entornos virtuales y las competencias que debe adquirir o perfeccionar para integrar las NTIC en los procesos educativos. A fin de fijar con la mayor claridad su punto de vista, los dos investigadores realizan un interesante recorrido por las varias concepciones que circulan sobre el asunto, desde aquéllas que hacen de las NTIC por sí mismas el factor explicativo fundamental del aprendizaje y el rendimiento de los alumnos, hasta “las que conciben a las TIC como elementos mediadores de la actividad mental constructiva de los alumnos en un contexto rico y diverso de interacción personal y de actividad conjunta con el profesor y los compañeros”.

A juicio de Mauri y Onrubia, el rol más importante del profesor en los entornos virtuales es el de mediador, que —añado yo— no tiene nada de pasivo o secundario, como algunos quieren creer. A estos últimos valdría la pena mostrarles un cuadro, incluido en el capítulo de Mauri y Onrubia, que enumera los papeles del e-moderador en cursos virtuales: administrador, facilitador, bombero, soporte, agente de marketing, líder de la discusión, filtro, experto, editor. Y, por supuesto, todavía en muchas escuelas, incluso universitarias, lo común es que sea el propio docente quien elabore o al menos recopile la aplastante mayoría los recursos didácticos, exámenes interactivos, materiales multimedia, etc., que se utilizan en la educación virtual.

De las cuatro partes que integran el volumen, la final y más breve se ocupa de un aspecto de perfiles eminentemente prácticos: la alfabetización digital y las competencias indispensables para moverse en el mundo virtual, en especial para enseñar y aprender. Dos capítulos de esta parte han llamado mi atención. Antoni Badia y Carles Monereo escriben sobre la enseñanza y el aprendizaje de estrategias “para que el aprendizaje no se detenga”, propósito para el que la NTIC representan un “vehículo privilegiado”. José Luis Rodríguez Illera y Anna Escofet Roig contribuyen con un texto sobre enseñanza y aprendizaje de competencias comunicativas en entornos virtuales, asunto en el que muchos maestros y estudiantes todavía damos pasos inseguros.

Docencia y multimedia

El diseño de materiales de instrucción que combinan varias modalidades comunicativas en un espacio único de representación —una pantalla, digamos— gobernado por un programa de computadora: eso viene a ser más o menos lo que se entiende cuando se habla de diseño de materiales educativos multimedia, actividad en la que cada vez más docentes nos vemos envueltos y que frecuentemente realizamos al tanteo, como el que aprende a cocinar viendo a otros de lejitos. Al menos así empecé yo (y, como ya he dicho en esta bitácora, aún me considero en temprano período de capacitación).

Educación a distancia. Ilustración de Reis Art (Deviant Art).

Educación a distancia. Ilustración de Reis Art (Deviant Art).

Hace poco encontré un libro dedicado a examinar los elementos principales que involucra la elaboración de materiales educativos multimedia y lo que esta tarea demanda no sólo de los docentes autores, sino también de las instituciones educativas en que desempeñan su trabajo, no pocas veces remisas a ofrecerles con oportunidad o suficiencia los auxilios necesarios. Es obra de dos profesores españoles que ha dedicado años a investigar la utilización de las NTIC en la educación: Pablo Muñoz Carril, doctor en psicopedagogía y consultor docente de la Universidad Abierta de Cataluña, y Mercedes González Sanmamed, doctora en filosofía y ciencias de la educación y profesora de la Universidad de la Coruña. Publicado por Bubok en 2009, se titula El diseño de materiales de aprendizaje multimedia y las nuevas competencias del docente en contextos teleformativos.

Con buen juicio, los autores entran al asunto por un ángulo que se descuida con frecuencia en la literatura sobre el uso educativo de las NTIC: el diseño instruccional, es decir, los modelos teóricos en que se apoya el diseño de cursos, clases, materiales de enseñanza, actividades de aprendizaje, etc.

Modelos instruccionales hay muchos, pero Muñoz Carril y González Sanmamed escogieron examinar cinco de los más usuales, los cuales describen siempre con la mente puesta en su aplicación al diseño de cursos en línea o a situaciones de aprendizaje híbrido (semipresencial). De hecho, al menos un par de los modelos considerados se concibieron teniendo muy en cuenta ciertas necesidades de la enseñanza con el uso de computadoras.

Otro mérito del libro es que trata de mantener siempre una visión de conjunto de los problemas que trata. Así, al examinar los componentes del diseño y la elaboración de multimedia hace hincapié en lo variado de estos componentes y lo multifacético de la tarea, y propone la necesidad de analizar tres ámbitos concretos y de igual peso cuando se trata de adecuar materiales educativos multimedia: el ámbito disciplinario (es decir, la materia misma del curso o clase), el ámbito metodológico (o cómo se intenta facilitar el proceso de enseñanza-aprendizaje) y el ámbito tecnológico (o cómo se interrelacionan los aspectos tecnológicos con los otros dos ámbitos para producir material de calidad).

Muñoz Carril y González Sanmamed dedican dos detallados capítulos a ilustrar a sus lectores sobre los estándares y aspectos técnicos del diseño de materiales multimedia, y a discutir las funciones y competencias del docente en entornos virtuales de enseñanza-aprendizaje. Los dos abundan en información útil y observaciones agudas.

Niños de Papúa Nueva Guinea. Foto: One Laptop per Child.

Niños de Papúa Nueva Guinea. Foto: One Laptop per Child.

En cierto punto, los autores renuevan una observación a mi juicio muy importante: el entrelazamiento de los tres ámbitos arriba mencionados hace obligada la colaboración interdisciplinaria del profesorado con otros profesionales, a modo de que “este grupo constituido por diferentes perfiles, reúna todos los enfoques de trabajo necesarios: tecnológico, pedagógico, diseño gráfico, disciplinar, marketing…” He visto tantas presentaciones lamentables, hechas con la mejor buena voluntad pero con tan obvia insuficiencia de recursos, que la colaboración interdisciplinaria me parece de urgencia.

Por desgracia, semejante colaboración es más un ideal que una realidad; los docentes nos estamos volviendo autores casi cotidianos de material educativo audiovisual, pero no siempre con el auxilio de las instituciones educativas, que debiera ir desde el respaldo administrativo y la asesoría de orden técnico y artístico, hasta la disponibilidad de plataformas y espacios virtuales, equipos de cómputo, etc. Ello fomenta el fenómeno del llanero solitario: el catedrático que —quizá por frustración con el sistema o quizá porque “cada maestrito tiene su librito”— trata de hacer todo por sí mismo.

Pero tratar de hacer las cosas uno solo es laborioso y difícil; me consta. A últimas fechas se me ha ocurrido la idea de que quizá varios docentes, diseñadores y técnicos pudiéramos establecer alguna forma de colaboración para producir materiales multimedia para apoyar la enseñanza de las ciencias, en particular la bioquímica y campos afines. Nada más una idea, todavía desdibujada.

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